miércoles, 25 de mayo de 2011

Dando un paseo por Soundcloud


No me canso de repetirlo. A pesar de algunos choques frontales de la aplicación para smatphones -le falta pelín de desarrollo- y algunos uploads fallidos por derechos de autor en sets -ayer mismo un amigo me estuvo comentando la imposibilidad de subir una sesión por incluir un remix de TV On The Radio al que denegaba la subida-, Soundcloud posee la mejor interface de cuantas circulan para escuchar música y permite algo más de libertad que, por ejemplo, Mixcloud. He hecho una pequeña recopilación de cosas destacables que aúnan descargas gratuitas, un directo y exclusividades. Que lo disfruten.

Un par de edits de C.O.M.B.i. en clave discoide (Dr. Dunks) para descargar.

  C.O.M.B.i. - You Got Love Song by Gluefactorymanchester

  C.O.M.B.i. - It A Late by Gluefactorymanchester

Dos rarezas a 140 BPM (Solar Flares es casi hit) y un directo entero en el Robert Johnson de Space Dimension Controller. Los dos tracks, composiciones primitivas de Jack Hamill,  se pueden además descargar gratuitamente.

  Cosmic Transformation by spacedimensioncontroller

  Solar Flares by spacedimensioncontroller

  SDC Live @ Robert Johnson 12/02/2011 by spacedimensioncontroller

Avance en forma de preescucha de lo nuevo de Matias Aguayo. Esto va a ser la canción del verano en algunos rinconcitos del mundo.

  Matias Aguayo - I Don't Smoke by Kompakt

Y, para finalizar, una de las sorpresas más agradables de cuantas le dediqué el tiempo suficiente. Jazz, minimalismo, free, prog, soft-pop y spokenword circulan unificados en un maravilloso podcast en descarga del dúo Box Codax, o lo que es lo mismo: el alemán Alexander Ragnew y el miembro de Franz Ferdinand, Nick McCarthy.

  Gomma Podcast #47 - Box Codax Wednesday Afternoon Blues podcast by Gomma

Box Codax


miércoles, 18 de mayo de 2011

Salir a bailar en 2011


Antes de nada, acepten mis disculpas por la bajada de ritmo en el blog. Estoy con mil cosas en la cabeza, sin demasiado tiempo y en proceso de cambios tan vitales, como molestos e inoportunos. No saco tiempo ni para poder escuchar toda la música que debería. Dicho esto, allá va el post.

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Recientemente he tenido charlas distendidas con amigos sobre los cambios que ha habido en cosa de una década en el pobladísimo mundo del clubbing nacional. Si bien siempre terminamos diciendo que ahora, a pesar de haber recorrido más camino y tener más hojas del libro que pasar, está peor que por ejemplo en 1995 o 2002, hay matices. Tras las charlas, he decidido hacer memoria.

Nadie como Luis Lles puede resumir los cambios de ciclo por los que ha pasado España en cuanto a música de baile y costumbres sociales nocturnas. Recuerdo sus columnas en El Periódico de Aragón, sus textos para la web de Florida 135 y los fantásticos desgloses en Dance de Lux como hitos inigualables en su momento. Cuando en 1993-1994 se produjeron los primeros signos de cambio en la noche española tras el devastador paso del bakalao y la desoladora mancha social de la música mákina, muchos de los jóvenes que salían a bailar lo hacían bajo prismas absolutamente cerrados, sin nada conocido alrededor y con el feo poso en el vaso de los bakalas. Recuerdo la entrada de la música electrónica como excitante y extraña a partes iguales. Mientras algunos estábamos viendo los cambios desde una mirada abierta y colorista, otros no aceptaban que se derrumbaran sus viejos mitos, lo que se traducía en silbidos al DJ y espantadas más o menos generales durante las sesiones. Así viví las dos primeras visitas de "supestar DJ's" a mi club. La desoladora imagen de ver a Laurent Garnier pinchando primera vez en España (en el Florida 135 de Fraga) mientras la pista se vaciaba progresivamente fue en ese momento algo a lo que no dí demasiada importancia: la tenía, no me cabe la menor duda. Por aquel entonces, el trance y el techno peleón fueron la sacarina con la cual sustituir el exceso de almíbar que gobernaba la noche. Los pinchas residentes y los programadores iban adaptándose de una forma nada mecanizada a los tiempos que corrían. Un buen ejemplo de esto es el caso de Juan Arnau, el cual estando de paso por Francia acude a una rave y decide cambiarle la fisonomía a su discoteca oscense. Así fueron también los primeros y más transgresores beats en La Sala del Cel, club sustentado por su maravillosa arquitectura, su historia (sitio de referencia en los 70 en Girona), un entorno precioso y también por el trance -cruzado con lo que se le ponía a tiro- que por aquel entonces bombardeaba desde cabina el denostado David Pastillas. Fue su único romance fuera de la música mákina tras la popularidad adquirida al ganar dos concursos de DJ (años 93 y 94). Por entonces, un grande empezaba a dar sus primeros pasos en el underground de Barcelona. El Nitsa de Sideral en la Plaça Joan Llongueras es también pionero y referente. Aleix mezclaba, en un síntoma de clara apertura "europeista", a Stone Roses con Aphex Twin para el sudoroso público barcelonés. No sabía ni empalmar dos canciones, pero a nadie le importaba: todo eso era algo más. Al otro lado de lo que representaba Nitsa, estaba el mítico pero ya en franca decadencia Psicódromo, el antro por excelencia de los bakalas marrulleros, la creación del ubicuo Nando Dixkontrol. Uno representaba la Barcelona del progreso, el otro "lo que vino de Valencia", el estancamiento. Poco a poco terminaría engullido dentro de la Barcelona del diseño que desde finales de los años 80 se estaba proyectando en oficinas de arquitectos, contratistas y la posterior bendición de Joan Antonio Samaranch.

Ese es, bajo todos los conceptos, el triángulo primordial con el cual arranca la era de clubbing moderno en España. También en 1994, con Advanced Music de programadores, da el pistoletazo de salida Sonar, con Trans Global Underground, Sven Väth (dando carpetazo a su proyecto Off) y Laurent Garnier como reclamo principal del pack. Ir a un Sonar entonces era ir a descubrir música fuera de nuestro alcance, dejarse llevar por algo desconocido en un entorno cero pretencioso, apartado del bullicio que posteriormente se tragó al festival por completo. Advanced Music programa entonces también Florida 135. Son historias que van cogidas de la mano gracias al paralelismo que marcaban ellos. Más tarde el también barcelonés DJ Loe cogería las riendas del club. Así pues, teníamos techno rural en Fraga, ciber-trance en Girona y eclectismo londinense en Barcelona. En la capital catalana además, los primeros fanzines y la incipiente cultura juvenil siguen levantando la ciudad. Los cimientos de la nueva era estaban arraigando más o menos de manera firme.


Enric Les Palau, Ricard Robles y Ángel Molina en La Sala Del Cel (feb. 1993). Un año después arrancaría Sonar.

Flyer Florida 135
Pasados unos años de amortigüación, llegó el momento de pinchar el globo. Tenemos ya grandes festivales instaurados, clubs masivos, pequeñas cuevas donde dar rienda suelta a géneros más íntimos pero nos sigue faltando identidad y base más allá del hedonismo y las noches de juerga frente al mar.

La importancia que internet ha tenido se ha visto reflejada tanto positivamente como negativamente. Es la única herramienta del mundo que te enfrenta al espejo de la realidad global: puedes saber si estás desfasado en menos de cinco minutos. Justo lo que pasa ahora mismo con el clubbing nacional. Caminos de llenos de vino barato, amiguismo, ombliguismo y frenazo a los que 20 años atrás era una autopista despoblada a la que añadir carriles constantemente. Ya no queda mucho por descubrir, no hay que equipararse a nadie. Estamos en el momento ideal de la historia para desmarcarte con una propuesta única pero la falta de ideales nos impide dar un paso más. Y ahí es donde también el público debe exigir cuentas al promotor, la sala o el pinchadiscos. No me considero una voz autorizada, pero cuando programaba, pinchaba y salía en 1996 ocurrían más cosas de las que mi mente podía imaginar. Éramos mucho más inocentes, nos dejábamos llevar por los que nos sacaban unos años, pero teníamos ganas de hacer cosas y asumir los riesgos que fueran necesarios con la posible metida de pata que conllevaba. Asumiendo esos riesgos me quedé sin poder pinchar durante un tiempo: nos cerraron el club por exceso de decibelios.

Resulta que con todas las facilidades del mundo a nuestro alcance nos hemos acomodado en un sofá viendo pasar el mundo alrededor sin rechistar. Ahora, dicen, las revoluciones se hacen con un portátil y una buena idea. No estoy de acuerdo. Y digo esto porque últimamente veo cosas que no me gustan. Algunos de los que programan están durmiendo en los laureles o rendidos al poderoso caballero (los del schranz, por ejemplo), algunas salas siguen con soundystems que no soportarían ni un bajo-contrabajo de Kode 9 y no se han adaptado a los cambios de la era digital. Me llamó mucho la atención también que en la última visita de Mark Pritchard a Madrid no hubiera más de cuarenta personas. O la falta de atención a eventos minoritarios pero de gran calado mediático. Y los que pinchan. Ay, los que pinchan... Quizá sea que los que venimos de otras generaciones tendemos a dar importancia a unos valores que ahora se consideran desfasados. No es posible que todo lo que venga de algunas manos proceda de Beatport o tenga la fuerza del sonido mono. Y es que otear la programación, por ejemplo, de Florida 135 hoy y compararla con la del mismo mes pero diez años antes es perder la partida antes de conocer con qué fichas juegas. A todos ellos deberíamos exigirles más.