martes, 5 de julio de 2011

Veinte años de Frequencies (LFO)


WARPCD3. Ese número de referencia puede que, transcurridos veinte años, sea uno de las tres más importantes que el sello de Sheffield, Warp, haya editado jamás. El primer larga duración del techno europeo. Y es que hablar de "Frequencies" es hablar de una obra maestra absoluta de la música moderna. Muchos siguen empeñados en que quizá esto solo documente una parte de la historia de la electrónica de nuestros tiempos, en concreto la de esa injusta etiqueta (IDM) que desdordó revistas durante el lustro siguiente a 1991. Pero "Frequencies" va mucho más allá de los formalismos que una etiqueta confiere a un disco o el renombre con el que un grupo carga a sus espaldas.

Mark Bell y Gez Varley habían llamado ya poderosamente la atención en 1990 con sus dos primeros maxis, el precursor "LFO" (un track que Bell mandó a Nightmares on Wax: ellos, a su vez, lo mandaron a las oficinas de Warp) y el maravilloso EP "What Is House", con la que es para mí una de sus mejores composiciones, "Squeaky":



"Frequencies" es un majestuoso puente, bien asfaltado, mejor peraltado y con muchos carriles. La pintura se aprecia, blanca y brillante en cada uno de ellos. Las líneas son contínuas pero en este largo puente se pueden cruzar. Nadie te va a multar. Al pasar por él, uno ve el mar a los dos lados y siente, al bajar las ventanillas de su coche, que por una entra el aire del Atlántico. Nuestro acompañante va sentado a la derecha. Él nota la fresca brisa del Mar del Norte que yo no percibo todavía. El puente une, cual mastodonte de hierro armado, Europa y Estados Unidos.

Un trayecto sinuoso que nos lleva desde Sheffield hasta Chicago, con parada en Detroit. Este viaje se nos va a hacer extremadamente corto: son sólo 54 minutos. El señor a la entrada del peaje nos advierte: "seguro que volvéis, me han dicho que esta carretera es de época". Los accesos desde Sheffield son una montaña rusa de sensaciones y vocoders ("Intro"). Tomamos las primeras curvas con la electrosa "LFO", plagado de carriles analógicos y sintetizadores modulares anti-descarrilamiento. Un coche pasa por nuestro lado y nos avisa; "esto es "bleep-techno", amigo", alertados por tal frase nuestro reproductor salta de canción. "Simon From Sidney" debe ser bleep-techno. Suena majestuosa, radiante, excitante. También "Nurture" se alimenta de esa sensación de novedad y excitación constante. Las 808 crujen que da gusto, nos ponemos las gafas de sol y proseguimos no sin antes parar a repostar: elegimos 98 octanos y salimos hacia la siguiente ciudad raudos. Mientras tomamos una suave curva, avistamos "Freeze" y nos recuerda que Detroit ya no queda demasiado lejos.



Efectivamente, al girar a la derecha aparece "We Are Back". Detroit está ahí y en la entrada nos esperan Aux 88 y Juan Atkins con un arsenal de sintetizadores. "Pasen y vean", dicen. Para cuando salimos de Detroit, vemos un cartel que permite dar la vuelta a Sheffield, es la rotonda de "Tan Ta Ra", con un campanario bien grande al lado. Decidimos ignorarlo, pero ese sonido se nos instala en el subconsciente: ponemos el cuentakilómetros a cero, bebemos un trago de agua -nuestras bocas se han secado incomprensiblemente- y arrancamos dirección Chicago: "You Have To Understand", le digo a mi acompañante. La 303 se me queda clavada durante buena parte de los siguientes kilómetros. La voz de esa chica me pone en trance, me hipnotiza: creo que voy a necesitar una biodramina. Agarro la caja y tomo un par: "El Ef Oh!" me quita la caraja enseguida. Tiene los bajos tan gordos que ya no hay escapatoria posible, decidimos seguir adelante. Cuando la biodramina ha desaparecido de mis venas empiezo a sentirme mejor pero todavía estoy conduciendo por las afueras de Detroit. Pasamos por delante del edificio de Submerge y suenan "Love is The Message" y "Mentok 1". Jeff Mills y Mike Banks nos saludan desde la azotea, nada puede ir mal. Encaramos la parte final del trayecto con el sol dándonos en el parabrisas mientras pasamos unas vallas con un anuncio de vuelos a Ibiza: es "Think a Moment". La parte final del viaje es altamente satisfactoria, las sensaciones, inmejorables. Encaramos los últimos metros con "Groovy Distortion", Chicago está a la vuelta de una gran curva, el asfalto parece ya seda y la pintura de las líneas que separan los carriles ha desaparecido por completo. Embriagados de sentimientos, nos damos cuenta que hemos accedido ya a Chicago. Para cuando suena "Track 14" nuestro coche se ha quedado sin gasolina. Por fortuna, ya estamos ahí. Vamos a pernoctar un puñado de noches en el hotel "Frequencies". Es cómodo y dan un desayuno Continental sin parangón. Dicen que al salir te regalan biodraminas.



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