miércoles, 15 de diciembre de 2010

Top 2010: 15 elepés


Los quince discos favoritos del blog sin orden, aunque a decir verdad, junto al nuevo material de The Roots -son unos cuantos los discos imprescindibles ya en su casillero-, Cosmogramma es lo que más me ha impactado estos doce meses. Imposible (d)escribir sobre a qué suena con la precisión adecuada. La complejidad de sus arreglos, producción e ideas entran con cartabón de cristal y escuadra de papel, con la misma pasión que se siente cuando uno se inmiscuye en el mundo de Ornette Coleman, J Dilla o Pharoah Sanders. ¿Una obra maestra? Dejemos que el tiempo aplaque las ansias por colocar alguna cosa en el Olimpo y busquemos una perspectiva justa. También destacables son las nuevas estocadas de los enfants terribles Hebden y Dear, el ataque clon de Twin Shadow o la hipérbole hip-hop de Kanye West que seguramente se lleve la gloria en el noventa por cien de las publicaciones. Se han quedado fuera por los pelos Darkstar, Scuba, Caribou, Actress y Oneohtrix Point Never.

Varios: Cold Waves and Minimal Electronics (Angular). 2010 también será recordado por el enésimo comeback de la ahora llamada 'cold wave'. No sé cuántos recopilatorios habrán salido en 10 años, pero de todos ellos éste podrá aguantar el tirón un largo tiempo. Eso será hasta el próximo retorno de la cold wave, claro.


Flying Lotus
Flying Lotus: Cosmogramma (Warp). Tras el aclamado Los Angeles, el sobrino de Coltrane se embarcó en una cruzada de muchos más quilates. Condensación inclasificable de géneros -jazz (free), hiphop mutante, dubstep orquestral, sonidos 8-bit, IDM destartalada- y de resultado asombroso que no deja dudas al respecto: el chorro creativo de este chico acaba de proyectar sus primeros hologramas hacia un futuro con los horizontes más impenetrables y vastos que uno conoce. Larga vida a Fly Lotus.


Matthew Dear: Black City (Ghostly Int.). Tercer disco de estudio y tercer salto adelante del visionario canadiense. El mal rollo de la ciudad visto desde las entrañas de un músico de techno cada vez más cercano a Bowie, a Eno, al Berlín after-punk y más lejos de aquellos días de techno psicotrópico de Audion. You Put a Spell On Me es new beat, también hay fríos ecos a Defunkt, autopistas metronómicas hacia Kraftwerk y cierto olorcillo al tabaco cabaretero de Grace Jones.


Four Tet
Four Tet: There Is Love In You (Domino). Kieran Hebden en la cúspide. Cada disco adelanta al anterior y añade agradables sorpresas: aquí las voces funcionan como un todo indivisible, como sintetizadores extra en el amalgama de las composiciones. Sin rechistar ni levantar la voz demasiado se ha colocado al lado de los más grandes con Caribou pisándole los talones. Richard D. James haría bien en empezar a sacar ese material que tiene archivado.


Twin Shadow: Forget (4AD). Un novato haciendo pop en sello históricamente triste. Entre frescos guiños a ChameleonsDuran Duran, The Smiths y otros estetas eighties, George Lewis Jr. se saca de la chistera una enorme cantidad de melodías de cadencia melancólica, llenas de emoción, de tempo cambiante (enorme producción) y radiante de recursos.  Tanto en la euforia como en la depresión, no veo demasiada nostalgia en Forget.

Brian Eno
Brian Eno: Small Craft on a Milk Sea (Warp). A pesar de los palos que le están dando, este proyecto -estéticamente en lo más alto- lanzó recelos desde los mismos lugares de siempre. Las piezas más ambient atrapan como nanas a la luna llena. Sus partes más rabiosas destilan mala leche y recuerdan tiempos pasados. El mejor material de Eno en lustros se postula como un producto de acabado único en estos días.


Bruce Haack: Farad, Vocoder Music (Stones Throw). Al fin. Uno de los nombres más injustamente olvidados de la electrónica popular es dignificado justo a tiempo. Escuchar al Farad tan fresco tantos y tantos años después es parecido a aspirar aire fresco de las montañas.

Virgo
Virgo: Virgo (Rush Hour). Si el house alguna vez tuvo sentido es por discos como éste. Reedición justa y necesaria de uno de los escasos álbumes rescatables al 100% del house norteamericano. Ahora se impone reeditar a Armando.


Shed: The Traveller (Ostgut Ton). René Pawlowitz no es nuevo en esto. Tras muchos maxis y un LP semi-fallido ha arrasado en media Europa con este Viajero y de paso se ha ventilado la corriente minimal que ha estado taladrando en exceso la noche de medio mundo. Tal y como leí en algún rincón de internet: esto es "techno de cuerda y atmósfera cero".


The Roots: Hoy I Got Over (Def Jam). ¿El grupo de rap más rockero de la historia? ¿El grupo de rock más rapero de la historia? El mejor rap y el mejor rock, las mejores colaboraciones, las grandes composiciones, ejecución magistral de una hoja de estilo que no por repetirse va a cansarme. Hip hop adulto y sedoso, música pluscuanperfecta.

El Guincho

El Guincho: Pop Negro (Young Turks). Reválida ambiciosa y sin parangón en el pop español, Pablo Díaz-Reixa rescata las producciones más mellow de los años dorados del AOR, con Neil Rodgers a la cabeza, relanzando por completo su carrera. Nadie puede ya encasillar a El Guincho. Brillante.


Onmutu Mechanics: Nocturne (Echocord). "Out of clutter, find simplicity, from discord, in the middle of difficulty lies opportunity". Esta frase de Albert Einstein, citada en las notas interiores resume más o menos el concepto del disco, entre el Basic Channel menos uptempo, y las densas nebulosas de Burial se encuentra un halo de luz con nombre de hombre: Arne Weinberg.


Kanye West
Kanye West: My Beautiful Twisted Dark Fantasy (Roc-A-Fella). Sigo pensando que el techo de Late Registration está a demasiada altura como para dar un simple salto y alcanzarlo con las yemas de los dedos, sin embargo esto es puro Kanye: una nueva y gloriosa elección de samplers, estructuras rítmicas y melódicas cada vez más enrevesadas y un ego que crece al ritmo de nuestro paro nos aseguran artista para años.


Shackleton: Fabric 55 (Fabric). Responsable siempre de las atmósferas más enrarecidas, de los interludios más tóxicos y de los ritmos menos acomodados de cuantos circulan por los clubs ingleses, Sam Shackleton acojona a sus fans de nuevo con un disco (sí, hay muchas piezas nuevas) en forma de sesión casi igual de bueno que aquél Three EP's en Perlon.
Peter Gordon




Peter Gordon & Love Of Life Orchestra: s/t (DFA). DFA abre el sarcófago pero en lugar de encontrarse una momia aparece el tesoro mejor guardado de la avant-garde americana. Imprescindible antología del alumno aventajado de Terry Riley, con versiones nuevas, sonido amplificado debidamente y un montonazo de nombres familiares en los créditos de esta orquesta disco inigualable.

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